Me río de la palabra libertad.
-¡Ey! Sí, sí... tú.
-Dime.
-Te voy a hacer una pregunta.
-¿Inocente?
-¿Acaso existen preguntas inocentes?
-No sé, dímelo tú.
-¿Crees qué eres libre?
-Eeeh...
-¡Espera, espera! No contestes.
-¿Por qué?
-Porque has dudado.
-No he dudado, ni siquiera me has dado tiempo a pensarlo. Y la respuesta que querías es sí. Yo soy libre.
-¿Y por qué crees que lo eres?
-Porque puedo elegir y decidir por mí mismo las cosas de mi vida.
-¿De veras crees que puedes?
Ajá, he aquí el quit de la cuestión. ¿De verdad podemos elegir? ¿Somos libres?
Típica pregunta que se hacían los filósofos y pensadores, bueno y que aún se seguirán haciendo, y de las que surgieron varias teorías deterministas.
No, para los deterministas, no somos libres, no poseemos libertad, estamos determinados, somos el efecto de una causa, que a su vez es efecto de otra causa, y de otro efecto, y de otra causa... Y así, así, así continuamente... ¿Qué nos determina pues?
Determinismo físico, genético, ambiental o educacional, económico y teológico.
Cinco posibilidades de las que por ahora poseo vagos conocimientos.
Yo diría que somos una mezcla de todo.
¿Somos máquinas? ¿Nos regimos por las leyes de la materia? Sí. A veces somos patrones fijos, a veces basta que se den unas determinadas condiciones para que nuestra respuesta sea única e indudable. Yo me siento un poco máquina cada día cuando hay que levantarse, a la misma hora mi despertador suena todos los días y me levanto, y si no lo pienso, si aún continuó en ese estado letárgico de sueño, soy un autómata que se dirige a la cocina y agarra el mismo tazón de siempre, y abre la nevera y encuentra el cartón de leche semidesnatada para vertirlo y mas tarde beberse el colocao a la temperatura que te gusta...
¿Nunca te has sentido limitado porque piensas que eres de una forma y no puedes ser de otra? Es decir, que tu constitución, lo que tú eres, la sangre que corre por tus venas, los genes que han hecho que tengas los ojos marrones abedul y que dejaras de crecer a los quince, no te dejan ser de otra manera. Porque no puedes cambiarlo, porque no está simplemente en tus manos. Todo eso que te hizo una persona extrovertida, o extremadamente tímida, o con gran sentido del humor o con un genio agobiante.
Pero no solo ellos te han condicionado, mira a tu alrededor, a los que te han educado, las personas con las que has crecido. ¿De verdad crees que si no hubieras crecido con ellas, serías la misma persona? ¿De verdad crees que si nunca hubieras acudido a ellos por un problema, hubieras actuado de la misma manera que lo hiciste? ¿Cuánto crees que te han enseñado? Todo. Los que te rodean te han enseñado todo.
Y luego está la sociedad, la tele, las modas, las campañas publicitarias y las políticas, los anuncios, los maniquíes de las tiendas, las revistas y las series televisivas, la iglesia, el mendigo del barrio, los perroflautas del centro de tu ciudad, los prototipos de belleza y estilo...
Sí, admite que tú estás rodeado de ello.
Admite que te han determinado a elegir una u otra cosa.
Y si no atrévete a mirarte al espejo. Y pregúntate si eres libre.
Pregúntate si las mujeres que pertenecen a religiones machistas son libres.
Sí, no te parecen en absoluto libres.
Pero quizás ellas se sienten libres.
Como tú.
ENSERIO, ¿DE VERDAD CREES QUE ERES LIBRE?
-Dime.
-Te voy a hacer una pregunta.
-¿Inocente?
-¿Acaso existen preguntas inocentes?
-No sé, dímelo tú.
-¿Crees qué eres libre?
-Eeeh...
-¡Espera, espera! No contestes.
-¿Por qué?
-Porque has dudado.
-No he dudado, ni siquiera me has dado tiempo a pensarlo. Y la respuesta que querías es sí. Yo soy libre.
-¿Y por qué crees que lo eres?
-Porque puedo elegir y decidir por mí mismo las cosas de mi vida.
-¿De veras crees que puedes?
Ajá, he aquí el quit de la cuestión. ¿De verdad podemos elegir? ¿Somos libres?
Típica pregunta que se hacían los filósofos y pensadores, bueno y que aún se seguirán haciendo, y de las que surgieron varias teorías deterministas.
No, para los deterministas, no somos libres, no poseemos libertad, estamos determinados, somos el efecto de una causa, que a su vez es efecto de otra causa, y de otro efecto, y de otra causa... Y así, así, así continuamente... ¿Qué nos determina pues?
Determinismo físico, genético, ambiental o educacional, económico y teológico.
Cinco posibilidades de las que por ahora poseo vagos conocimientos.
Yo diría que somos una mezcla de todo.
¿Somos máquinas? ¿Nos regimos por las leyes de la materia? Sí. A veces somos patrones fijos, a veces basta que se den unas determinadas condiciones para que nuestra respuesta sea única e indudable. Yo me siento un poco máquina cada día cuando hay que levantarse, a la misma hora mi despertador suena todos los días y me levanto, y si no lo pienso, si aún continuó en ese estado letárgico de sueño, soy un autómata que se dirige a la cocina y agarra el mismo tazón de siempre, y abre la nevera y encuentra el cartón de leche semidesnatada para vertirlo y mas tarde beberse el colocao a la temperatura que te gusta...
¿Nunca te has sentido limitado porque piensas que eres de una forma y no puedes ser de otra? Es decir, que tu constitución, lo que tú eres, la sangre que corre por tus venas, los genes que han hecho que tengas los ojos marrones abedul y que dejaras de crecer a los quince, no te dejan ser de otra manera. Porque no puedes cambiarlo, porque no está simplemente en tus manos. Todo eso que te hizo una persona extrovertida, o extremadamente tímida, o con gran sentido del humor o con un genio agobiante.
Pero no solo ellos te han condicionado, mira a tu alrededor, a los que te han educado, las personas con las que has crecido. ¿De verdad crees que si no hubieras crecido con ellas, serías la misma persona? ¿De verdad crees que si nunca hubieras acudido a ellos por un problema, hubieras actuado de la misma manera que lo hiciste? ¿Cuánto crees que te han enseñado? Todo. Los que te rodean te han enseñado todo.
Y luego está la sociedad, la tele, las modas, las campañas publicitarias y las políticas, los anuncios, los maniquíes de las tiendas, las revistas y las series televisivas, la iglesia, el mendigo del barrio, los perroflautas del centro de tu ciudad, los prototipos de belleza y estilo...
Sí, admite que tú estás rodeado de ello.
Admite que te han determinado a elegir una u otra cosa.
Y si no atrévete a mirarte al espejo. Y pregúntate si eres libre.
Pregúntate si las mujeres que pertenecen a religiones machistas son libres.
Sí, no te parecen en absoluto libres.
Pero quizás ellas se sienten libres.
Como tú.
ENSERIO, ¿DE VERDAD CREES QUE ERES LIBRE?
Comentarios
Publicar un comentario