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Mostrando las entradas etiquetadas como Pensamientos

Mientras andas sin zapatos

No me sorprende ni un pelo. Esta agonía cómplice que arrastras como una ludopatía urgente y que te hiela la sangre mientras dices cosas y explicas cosas y vendes cartas y predicas otras. A ti tampoco te sorprende la costumbre de llorar por todas esas vidas terribles y síncronas que se reproducen, como un cine malo (disculpa mi falta de criterio), en esa sala vacía que dejan tu pasos. Por eso este libro, rojo sangre, que tiene un título que hiere (tanto que duerme besando la mesa) y que me sube a la cara como una vergüenza, no podría hoy repeinarte ni los huesos ni la sorpresa. No hay coraje huidizo, ni verdades con patas, ni buenas intenciones en esa cara de la luna que es en realidad tu primer plato. Ni siquiera aún has entendido que no estaba todo en las manos de quien no repara: ni tu futuro, ni el descanso, ni siquiera tú. Si el dolor no fuese algo tan intangible como la deshumanización de otro cuerpo humano, si creyera haberte si quiera amedrentado en algún intento, si acaso eso...

Un elixir a

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Voy a contar esta historia. Es uno de esos pensamientos que uno acaba rescatando cuando no conoce otra manera. Quizás te la cuente a ti, que desees saber algo, entender más, dejarte a la tristeza. Quizás me lo cuento a mí, que no recuerdo como se cuentan las historias que no dejan de ocurrir, que no sucedo- ni siquiera aquí . El día sonreía y ya he mentido. Creo que llovía a cántaros y me lancé, como hago algunas veces, como deseaba en aquel entonces, dentro de aquel refugio. Creo que yo sí sonreí porque siento fe profunda en la amabilidad. Me contuve, como quien se agarra los recuerdos, como quien se abrocha el cinturón todo lo que puede, como quien respira solo por existir un momento. A ciencia cierta, hoy solo puedo decir que el avión de papel se estrelló, pues los aviones no vuelan por debajo del suelo. Pero bien sé que dejé que me crecieran las ramas y los aterrizajes. Recuerdo con tristeza pasada la paz de algunos momentos que se junta con el claro que ahora cruza este verano...

Palabrería

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Los veranos eran fríos y las primaveras llorábamos. Ya ni si quiera me acuerdo. Pero existe una especie de vicio sordo en los huecos de la memoria, mientras hablas del monumento y miras los rincones oscuros donde pasabas el rato. Pues este es un gran lugar, pero la vida ocurre en otros. Todo se resume en ese algo que construiste mientras te dabas puñetazos.También, a ti que te gusta construir, algo que construiste con palabras, como una pirámide de naipes que se sostuvo mientras alguien quería. No dejaste de construir en estas cuestas. Mente suicida. Puedes dejar de querer ya. Puedes irte. (La gente se marcha.) Es la primera ley del principio de no sé qué pie con bola. Y ahora estás aquí, un lugar diferente desde luego, pensando: mira que no te duele y que casi lo escribes ; reiterando: los golpes se notan cuando menos estás , haciéndote una pregunta: hablo de mí todo el rato. Y le das la espalda a quien te la da, y confías en que la sencillez da perspectiva. Te gusta creer que ...
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Es verdad, el orgullo se perdona si no lo han mortificado. Es verdad el cielo azul, la contaminación del pulso, los atascos mitocondriales, las hojas que no avanzan. Son verdad las medias cervezas con limón, la rutura fibrilar del cudriceps, las vistas maravillosas. Se siente todo como una especie de positivismo en ropa interior que nunca termina de tapar el cuerpo entero. Te levantas de la cama y te sorprendo, todo ese orden fingido que está deshecho en unos minutos. El polvo que nunca cae, que no dejo que anide en los restos de la persona que fui cuando todos seguían aquí. Una habitación de paredes blancas, de cuadros sin firmar (muchos sin acabar, más aún sin empezar), luciéndose como imágenes de lo que se aplaudió, de lo que no se logró. Me retuerzo entre aquellos días todavía, ves, nadie los imaginaría. Me guiñas un ojo, me tiendes ese desliz dulce que me guardo para mis propias creencias. Me das tus explicaciones, no porque las necesite, no porque lo necesites. Es algo qu...

Hecho agosto

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Hoy me he levantado con esas ganas imperdonables de acabar con el verano. Me lo perdono de todas formas por su otra condición de inevitable, de seco como la sed -irrespirable- y de pertinaz. Se me atraviesa el sol por las mañanas, el aire dulzón de la sierra, sus pastos, montes, sus gentes de fondo. Solo los días que libro de la vida, los días que todo se parece a lo de antes y que quién no puede recordar. Recordar. Hacerlo con tajos limpios, sin mucha sangre, a cierta distancia. Sentir el armazón de piel que me recubre, el cansancio, las horas por encima, las horas por debajo. Camino entre los felices escombros de un nuevo techo, que saben que pronto habrá mucha vida, un huerto chico, paredes sentenciando a otras paredes, luces y grillos. Camino como quien ya está muy lejos y poco le importa. Camino de la mano de quien me acompaña con gusto y me dice con la sonrisa del día que a agosto no le queda mucho, que el sol me queda bien, que podemos permitirnos algunas flores y pequeñas ...

Abril

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Las paredes se sostienen sobre los cimientos de nuestro aplomo. Las paredes también se me caen sobre los ojos, teñidas de añil y sal, destruyendo todo lo que aún no hemos sentido. La esperanza se levanta todos los días de la cama, toca unas notas en las escaleras, se cansa, se acuerda de aquel último 450, se viste de primavera, se sigue muriendo de frío.  Los días me recuerdan que todo se parece y que nada ha sido igual. Que no sé quien eres, quien te gustaría ser, ni quien lo sabe. No se me ocurre ninguna buena razón para no volver la cabeza, no se me ocurre mejor alineación que mis esquemas volando por los aires, tú y yo hablando de complicaciones. No tengo nada claro si este sueño tiene luces, nada cierto salvo mis ganas de reírme del maldito destino, de este círculo de cobardes, de esta sociedad en ruinas.  Estoy ahí a merced de un par de pasos, en esa vuelta de la esquina, en las gradas de la melancolía, a dos semanas de no haber luchado lo suficiente.

Flores a la memoria.

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Hay pocas cosas más ciertas como que nunca era yo. No eran mis ojos los misteriosos, ni mis letras las despistadas que buscaban hacerte reír. No eran míos los anónimos, ni aquellos últimos pensamientos, ni los pasos al otro lado de la puerta. No fue a ti, a quien llamé flor de litio a sabiendas de su inexistencia.  No fue tu día nunca mío. Tampoco fue tuyo aquel primer abrazo que se quedó en aire y esperanza entredicha. No fue, nunca fui. Las ruines disculpas y blasfemias al tiempo no fueron menos verdad como que no llenan corazones. Tampoco es ahora menos soez pronunciarse. Y es, sin embargo, cómico verte en estas letras ahora que ya no estás por aquí.  Me sorprende mi vaga memoria, indispuesta, que supo desde aquel primer momento que todo aquel desinterés vivía a mi costa y omisa a este dulce sabor a recuerdos que respiro. Y ahora que ya no recuerdas que yo nunca lo hice y que dolió, ha venido todo de repente a desquitarse. Nunca será por mucho tiempo, per...

El muro de mis lamentaciones.

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"¿Qué saben las tripas de puños cerrados? Saben que las riegan los amargos tragos,  saben todo y más de tenerse en pie,  de la soledad." Es una semana de las que no cuentan los días, no me pesan en el bolso las veces que en vez de escribir, o llorar, me he abandonado al sueño y al desconsuelo de un despertar no tan amargo, pero demasiado cansado. Me pongo a leer sabiendo que si no me pongo, nunca voy a llegar a aquel reducto de mis expectativas, en las que aún tengo esperanzas y que todavía me acarician la espalda con optimismo. El balón siempre corre más que yo, tengo poca velocidad, mucha prisa, pero la cabeza en otro sitio. Luego siempre está de vuelta, es su casa, el hogar que no eligió. Gritan gol. Me digo que no espero, pero no dejo de hacerlo.  Sigo girando la cabeza por donde te vi marchar, aunque nunca jamás me paro. Me hace daño todo el miedo, a pesar de que no me preocupa tanto. Te sigo creyendo dulcemente inalcanzable, pero nunca termino l...

Verde y pistachos.

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La mañana que te dejaste ver por primera vez, llevabas puesta una camiseta pistacho, los tenis, unas gafas de sol radioactivas y la sonrisa de los sábados. Yo era como el fantasma de cualquier otra ópera, con el pelo mal puesto y cualquier etiqueta por fuera, con los ojos pequeños, muy abiertos y los cristales muy sucios. Aquella mañana que te dejaste ver, tal vez no te vi. Probablemente nadie nos vio de verdad. Quizás incluso aquel día llevé la coleta bien hecha, o puede ser que tú no vistieras pistacho y feliz. Quizás, pudo llover ese día y no me fijé en que llegabas empapado de ilusiones y planes. Probablemente en realidad, ya no recuerde ese día tan bien como me gustaría. Es como de esas veces que saludas por primera vez y luego lo repites tantas ocasiones, tantos días, tantas mañanas, que olvidas que hubo un primer hola y que también te cambió la vida. Aquella mañana yo no sabía mucho. Sabía de hecho, que fuese lo que fuese lo que buscase iba a ser  cualquier otra cosa . Ll...

No son corazones, son hojas.

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No me queda más sinceridad, ni más engaño, ni mucho menos un tablón de madera para que te agarres a lo que puedas. Creo que incluso, es inútil aparentar que te escribo, que no lo hago, o que hago como que en realidad tengo algo que escribir. Es muy inútil negar que he conseguido, al fin, parar un terremoto que estuvo años derribando casas, refugios y alguna que otra calle de mi alma; y que desde entonces, el gusto a sonreír parece volver a ser nato. Sé cosas que quiero, sé a quién no, sé que llevo meses sin corazón y hoy he reparado en su ausencia. Pero, para mi sorpresa, muy grata he de admitir, no estoy tan triste. No tengo ganas de venganza, no me apetece estrellarme la cabeza en cualquier superficie lo suficientemente dura y sufrida para darle la razón a Newton, y quitármela a mí. Quizás me avergüenza, un poco, mi inocencia, quizás mi creencia ciega y encaprichada en cuentos infantiles o en los principios de las personas, o en lo que quisiera que fuere el tiempo olvidado en...

Todo lo demás es camino

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Me ponías a prueba, me decías que te ibas para siempre, que me odiabas como odian las margaritas que las deshojen, como yo odio irme a veces, como todo el mundo odia alguna vez cuanto ama. Quería decirte que yo te querías más, pero que tampoco era para tanto y que daba igual que la pista de baile se nos quedara pequeña, las intenciones nunca eran mejores que yo. Quería explicarte que había días que la verdad te tapaba como un manto de hojas y que últimamente eran muchos. Que cuando ya no sabía que más echar de menos, el viento soplaba y era verdad, toda la verdad, no estabas allí. No dejaste la esperanza puesta en los ojos de cualquiera, como yo he terminado pensando que incluso si así hubiera sido, te hubieras equivocado igual. Porque van a venir a traerme flores, a cuidarme las ojeras y a decirme que son la parte incondicional del verbo querer a alguien y esta vez, como  cualquier otra definitiva, voy a abrir un poquito los ojos y ni siquiera al tiempo, miserable va s...

El tercer día, lloró.

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Sé que el tercer día lloró, no lo hizo como una persona valiente que sabe que algunas veces se debe llorar, ni como se llora cuando no te cabe ni un descanso en el corazón. Lloró como si la más pequeña de las tonterías hubiese alquilado un recoveco en su piel y pensase quedarse a vivir mucho tiempo, como si fuese verdad que su cuerpo era carne y sus huesos frágiles, y su corazón de madera, madera tallada de versos, de asfalto y tierra, de mentiras dulces que arañaban la superficie. Lloró como se llora cuando no quieres llorar, como si la niña que un día soñaba con tocar la luna, hubiese tocado el fondo del estanque y se hubiese quedado a vivir allí, a ver vivir, a mirarse las manos y encontrárselas llenas de estrellas que morirían en pocas horas. Sé que lloró y se le empañaron los ojos de franela y veranos aburridos, sé que leyó tanto poesía que soñaba conmigo todas las noches. Sé que lloró porque sabía que la quería, que hacía un esfuerzo enorme por llenar mi vida de cotidianidad...

Palabras de menos.

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Siempre has tenido esa gracia inconfundible en los hoyuelos. A veces, solo cuando te oía reír, la vida parecía más un chiste que un campo de trabajo. Y reías mucho y tendido. Recuerdo como si fuese ayer tus buenos donaires de vividor cuando en un intento por tenderme una mano, me sacabas una sonrisa. Y te juro que cada una de esas veces que reí en silencio y que te busqué con los ojos, no quise estar en ningún otro sitio del planeta. Cada vez que a hurtadillas me leías y después colaborabas con tus infames versos de capitán. Cada vez que me pedías que no dejara de escribir, aunque ya no fuera a ti. Cada vez que salías ahí y me recordabas que el miedo bien disfrazado conjuntaba de perlas con cualquier palabra ingeniosa que hiciese bailar a las mentes. Cada vez que se te encendían los ojos si te encontraban los míos. La memoria es un alma peligrosa y el tiempo es una aguja mal enhebrada cuando dejas de dar puntadas en historias a medio hacer. Los años son agradables y el perfume d...

20 de Abril del 90

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Vivo con la mala costumbre de aguantarme los miedos. No sé cuánto tiempo lleva ese reloj mirándome las muñecas, ni marcándome las medias horas de nostalgia pasiva. Porque sé que no estoy muerta, y no es para menos. Últimamente he vivido más de lo que imaginaba. Pero hay están, las oscuras golondrinas, los versos podridos, los amaneceres catatónicos en brazos de la soledad. Porque no sabría como llamar a todas esas personas que bailan solas en los bares y que te hacen dar vueltas hasta que te das cuenta de que tú, también estás un poco solo. Quizás me hayan sacado a la pista, me regalaran una flor hecha con una servilleta, quizás estuve hablando sobre la dudosa y vaga existencia del verbo amar con un desconocido el tiempo suficiente para saber que existe y que algún día, quizás, valdrá la pena. Quizás me hayan querido mejor de lo que tú querías, y créeme que ojalá me equivoque con esto pero, nunca más que tú. No voy a engañarte, ni pienso prometerte que me voy a quedar aquí toda...

Yo aprendí a sobrevivir con una estrella en cada mano.

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"Hay corazones llenos de agujeros, pero no lo saben." Me he puesto a repasar la rutina de los últimos lunes, las de los martes, los fines de semana de sofá, libros y lasaña. El polvo que se acumulaba a pasitos calculados en los estantes de mi habitación, las horas mirando el reloj y esperando el día que nunca iba a llegar.  Se me acumulaban los esquemas, me faltó tiempo para terminar de aprenderme bien como se calcula un momento de inercia en las pestañas de alguien que nunca volvió. Eché tierra en todo ese pozo que solo me reflejaba a mí y me pedía a gritos que saltara, que me quedase a vivir entre sus aguas. Me decidí a limpiar ese polvo, y aunque los muebles no brillan, nunca me he sentido más satisfecha. Me costó lo que se dice tanto, que lo olvidé. Llegué a un lugar de esquinas nuevas, de sonrisas nuevas, de tropiezos nuevos. Un día me desperté, y ni siquiera recordé que no me cruzaría contigo. No me quedó tiempo, ni espacio, para depositar esperanzas en esas pr...

El resto del contrato

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Le hablé al olvido de todas las cuentas pendientes de anoche, le hablé de lo poco que escribo y de las ganas que se quedan sepultadas en trozos sucios de ahumado papel. Le he pedido explicaciones a él, una detrás de otra, de porqué se ciñe a leerme los quejumbrosos poemas de falso amor al oído cuando nadie más escucha, de porqué después de un tiempo tan valioso ni siquiera ha hecho falta un gatillo para clavármelos en el corazón, de porqué no ha sonado y hay tanta sangre en el suelo. Se atiene a contarme lo que ya sé, nimiedades sobre lo que no pasó, sobre lo que sí pero a oscuras, las declaraciones de después, los falsos testigos y sus dedos acusadores. Me prohíbe hablar de ti, dice que te fuiste en todas esas veces que pensaste que morirías si no te dabas la vuelta, pero resultaste al fin y al cabo ileso, coronado con espinas en piedra y sangre de mentira. Tampoco me deja culparte, dice que te ha visto sonreír. Dice que después de todo te morías por mirarme a los ojos ot...

Carta a la vida

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Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. Antonio Machado. Me duelen los ojos de mi vocación suicida por seguir sosteniéndote la mirada. Los más aventurados te hablan de oportunidades, la gente triste te acaricia por las noches y te revuelve el pelo, los buenos te sonríen después del pan duro de todos los días. Nadie conoce tus apellidos, pero todos te nombran. Te quieren como si fuesen ellos mismos, con inocencia y gracia confundida, con más pereza los lunes, con ganas las mañanas de vacaciones, con miedo a veces. Pero te quieren. A veces se olvidan de tus cuatro letras, se acuerdan más tarde cuando se les cae la vergüenza al suelo y la pisoteas hasta que se quedan desnudos justo delante de ti. Sin intenciones, sin sencillez, sin tus dos brazos agarrándoles tan fuerte que no corten la respiración. Eres quién roba  sus suspiros, quien se ha quedado las canciones que te escribieron y nunca te cantaron, y las palabras, todas las que se han marchitado en tantos...

Volver a volver.

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He vuelto a la calle 13, donde te conocí de verdad y supe justo después que nunca jamás volvería a saber quién eras. He vuelto a sus bancos, a sus ramas lloviendo sobre nuestros ojos, a la pequeña farola que se vuelve a encender cada noche desde entonces. He vuelto porque sabía que no estarías allí sin tu media sonrisa. La otra media sigue un poquito conmigo. Me he sentado en la terraza del bar donde nunca compartimos más que unos hielos con prisa, un piti y un par de sonrisas. Cuando yo no sabía que te quería, ni que querer en silencio solo nos hace cómplices del asesinato de nuestros 150 pasajeros abordo. Que no nos cuesta la vida, pero nos la quita. He vuelto a la madrugada del último sábado, a la mirada de aquel chico que no me conocía de nada pero tampoco lo necesitaba. He vuelto a ese sitio donde no duele tanto el corazón. Y me han dicho que deje de volver. Que hay unos ojitos que no saben que en realidad no me quieren conocer. Pero es casi necesidad. Porque desde que no ...

Pasitos

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Llevamos vidas imaginándonos despiertos, noches escalando hacia la plata, viernes de desuso en los bolsillos. Entre mis logros, conseguí meter un pie en la tierra de nadie y no se lo comieron los cocodrilos. Solo los oigo respirar al otro lado mientras me siguen esperando. Entre tus cuerdas vocales, he visto pieles de mentira, ojos desmaquillados de peligro, miedo mezclado con utopías. Me han cerrado el club de los poetas, me han dicho que no más sueños, no mas ballestas. Dicen que en obras no es un estado preferente, ni un lugar para vivir, ni aspiraciones de llegar a tus cunetas. Pero también, me han dicho que es camino. Que si voy a esperar a los tiburones, mejor tenerlos sin el estómago vacío. Mejor quererte ahora y para siempre, que en el tren de vuelta a la realidad. Ojalá no lo cojas nunca, o lo cojamos. O ojalá nunca nos demos cuenta de que llevamos la vida en él y que lo importante siempre ha sido no bajarse a ver puerto. No embarcarse en otros buques, hacer caso a los lat...

Quiso a quien (le) quiso querer.

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A veces el frío le sorprendía llorando, se hacía hueco entre los jirones de sus pantalones y recorría su espalda de abajo a arriba. El silencio, de otro tanto, también se adueñaba de sus ojos en blanco y negro. Porque en realidad, recuerdos que quiebran voces pocas más palabras necesitan Se preguntó a dónde iría aquel extraño con tanta prisa, cómo sería la sonrisa de la chica de mochila rosa que se cruzaba diariamente, a qué parada se dirigía la señora de los ojos saltones. Sabía tan poco incluso de sus propios zapatos... que le llevaron hacia cualquier sitio. Cualquier vagón a rebosar, cualquier abrazo en cualquier bar. El ruido le hacía olvidar lo que dolía un infeliz 'cualquiera', pero quizás valía más que cualquier promesa de nadie.