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Finales de mayo

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Ensordece el ruido de todo este tráfico de injusticias. Sigo sentada en el rellano de siempre, esperando llegar yo antes que esa noticia pesada y sin voz. Se deja entrever entre algunas frases, que sin dejar de ser sinceras, no son concluyentes. Pero sin duda, vive en los silencios de una palabra y la siguiente, de una verdad y su adjetivo, de una llamada y su buzón. Me están dejando sorda y en los huesos. Siento que aquí tan lejos desde donde escribo, me recorro todos esos kilómetros de hospital y acaricio sus paredes en un intento de abrazar el dolor que viven a diario. Siento que sonaran mis pasos al otro lado, que en el momento que esté a los pies de tu cama, voy a sentir por fin, el suelo que me sostiene. No sé lo que pasará después, supongo que todo esto será presente. Recordaré con lastre y fiel apego, aquel verano que llegabas por la mañana y nos sentábamos juntas a los píes de su cama, yo con algún libro y tú con cualquier aventura que contar. Aquella mañana que tras m...

Por qué no vuela

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Todos sus sueños eran de papel.  Solo la lluvia era real.

A veces es contigo

Has estado allí conmigo, en todo ese andar atropellado. Cuando parábamos el tiempo, las agujas, la forma, los coches. Estuvimos en el otro muelle, lanzando piedras cruzando charcos, sobrevolando mareas. Eras como el lugar al que  si empre se podía volver, (al que volvía.) Todo a pulmón. Fue sin pensar decías, como el resto de noches, como cualquier otro crimen, como la esperanza. No era ni siquiera poesía, no cambiaba el mundo, no gustaba. Tenía sus formas de doler. Vivir, vivirse. A veces era contigo.

Abril

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Las paredes se sostienen sobre los cimientos de nuestro aplomo. Las paredes también se me caen sobre los ojos, teñidas de añil y sal, destruyendo todo lo que aún no hemos sentido. La esperanza se levanta todos los días de la cama, toca unas notas en las escaleras, se cansa, se acuerda de aquel último 450, se viste de primavera, se sigue muriendo de frío.  Los días me recuerdan que todo se parece y que nada ha sido igual. Que no sé quien eres, quien te gustaría ser, ni quien lo sabe. No se me ocurre ninguna buena razón para no volver la cabeza, no se me ocurre mejor alineación que mis esquemas volando por los aires, tú y yo hablando de complicaciones. No tengo nada claro si este sueño tiene luces, nada cierto salvo mis ganas de reírme del maldito destino, de este círculo de cobardes, de esta sociedad en ruinas.  Estoy ahí a merced de un par de pasos, en esa vuelta de la esquina, en las gradas de la melancolía, a dos semanas de no haber luchado lo suficiente.

Flores a la memoria.

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Hay pocas cosas más ciertas como que nunca era yo. No eran mis ojos los misteriosos, ni mis letras las despistadas que buscaban hacerte reír. No eran míos los anónimos, ni aquellos últimos pensamientos, ni los pasos al otro lado de la puerta. No fue a ti, a quien llamé flor de litio a sabiendas de su inexistencia.  No fue tu día nunca mío. Tampoco fue tuyo aquel primer abrazo que se quedó en aire y esperanza entredicha. No fue, nunca fui. Las ruines disculpas y blasfemias al tiempo no fueron menos verdad como que no llenan corazones. Tampoco es ahora menos soez pronunciarse. Y es, sin embargo, cómico verte en estas letras ahora que ya no estás por aquí.  Me sorprende mi vaga memoria, indispuesta, que supo desde aquel primer momento que todo aquel desinterés vivía a mi costa y omisa a este dulce sabor a recuerdos que respiro. Y ahora que ya no recuerdas que yo nunca lo hice y que dolió, ha venido todo de repente a desquitarse. Nunca será por mucho tiempo, per...

Por tener

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Tengo el tiempo en la cabeza mirándome callado, sonriendo como de lejos como si fuese necesario haberle parado los pies. Te tengo en los ojos todavía, en aquel rincón desierto de mi memoria dormida, en un cruce de balas, a dos centímetros de la boca. Tengo lo que nunca imaginé silencios por todas partes, flores en la cabeza, lluvia en los bolsos, ojos sobre mis ojos. Y tengo que decir al humo que se escapa de todas esas chimeneas flotantes, que me sigue faltando el aire que respiras a bocados. Tengo, tengo que jurarme otra vez que ya nunca será demasiado tarde, que nadie ha muerto en el intento de hacer pactos vencidos con el olvido. Que hoy hace el frío que tú quieras, para abrazarse a cualquier buena excusa, y dejarse un pedazo de luna para la cena de mañana. Que aquí también se lloran ríos, se habla de sueños y se dice mucho tu nombre. Que por tener, a veces me sigue latiendo el corazón y a veces da bien la hora.

Retrato (II)

Eres el punto de mira, la inflexión sin cartas, la migaja interpuesta entre dos de mis costillas, (mis costillas a veces), la falta de dudas, y las dudas enteras, una puerta entreabierta, un hogar a contraviento, el aire que no respiro, (y el que me falta.) Eres un punto mal puesto, una palabra mal dicha, mas de veinte sin nombrar. Eres el invierno que no abriga, (un recuerdo que respira), una mañana de paso, el paso de mi vida contextualizado. Eres el sí que todo lo niega, que nada lo apaga, que estira la soga y sonríe. Aún sonríe.