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Sudores fríos

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Vendrá el domingo, nos pesarán las alas de una noche de fuegos y estrellas. Nos sentiremos poderosos, llenos de ideas, -más la desilusión. Alguien se engañará pensando que el sistema es el problema, que no hay libertad, que no nos sujetan. Sentirá su propia contradicción que pasará hambre y sed, que matará al calor con un helado, y se sentará en el sofá junto a su dueño a engañarse por duplicado. Pero todos nos sentiremos quizás un poco cansados de ese calor, quizás mejor un poco supervivientes. Echaremos cuentas sobre si todo lo que podría salir mal cabe en una foto. Alguien madrugará el lunes y se preguntará si es verdad que en Madrid  ya no hace frío. No sé si ese alguien será la misma persona.

Ausencia (I)

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"Ausencia de razones en tu cabeza no de tierra, de viento. Por ella viajas a espacios transparentes, desde donde -siempre tras un cristal- hablas de olvido." Rosa García Rayego Queda una estela en aquel trozo frío, azul, de la encimera. Saluda un gorrión en la ventana, y sobrevuela un campo de amapolas, de prisas verdes, y primaveras sin nuestros pies (dando guerra.) Trae una noticia negra, que luce un rastro de luz -en la mañana más triste-. Tintinea. Alza el vuelo, como lo hace el tiempo con un cetro de buenas intenciones y un resto de flor en su carrillo. (Con sus agujas y sus tiestos pesados.) Se lleva el olvido y su recuerdo, la lágrima de un hijo, una despedida de viento.

Finales de mayo

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Ensordece el ruido de todo este tráfico de injusticias. Sigo sentada en el rellano de siempre, esperando llegar yo antes que esa noticia pesada y sin voz. Se deja entrever entre algunas frases, que sin dejar de ser sinceras, no son concluyentes. Pero sin duda, vive en los silencios de una palabra y la siguiente, de una verdad y su adjetivo, de una llamada y su buzón. Me están dejando sorda y en los huesos. Siento que aquí tan lejos desde donde escribo, me recorro todos esos kilómetros de hospital y acaricio sus paredes en un intento de abrazar el dolor que viven a diario. Siento que sonaran mis pasos al otro lado, que en el momento que esté a los pies de tu cama, voy a sentir por fin, el suelo que me sostiene. No sé lo que pasará después, supongo que todo esto será presente. Recordaré con lastre y fiel apego, aquel verano que llegabas por la mañana y nos sentábamos juntas a los píes de su cama, yo con algún libro y tú con cualquier aventura que contar. Aquella mañana que tras m...

Por qué no vuela

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Todos sus sueños eran de papel.  Solo la lluvia era real.

A veces es contigo

Has estado allí conmigo, en todo ese andar atropellado. Cuando parábamos el tiempo, las agujas, la forma, los coches. Estuvimos en el otro muelle, lanzando piedras cruzando charcos, sobrevolando mareas. Eras como el lugar al que  si empre se podía volver, (al que volvía.) Todo a pulmón. Fue sin pensar decías, como el resto de noches, como cualquier otro crimen, como la esperanza. No era ni siquiera poesía, no cambiaba el mundo, no gustaba. Tenía sus formas de doler. Vivir, vivirse. A veces era contigo.

Abril

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Las paredes se sostienen sobre los cimientos de nuestro aplomo. Las paredes también se me caen sobre los ojos, teñidas de añil y sal, destruyendo todo lo que aún no hemos sentido. La esperanza se levanta todos los días de la cama, toca unas notas en las escaleras, se cansa, se acuerda de aquel último 450, se viste de primavera, se sigue muriendo de frío.  Los días me recuerdan que todo se parece y que nada ha sido igual. Que no sé quien eres, quien te gustaría ser, ni quien lo sabe. No se me ocurre ninguna buena razón para no volver la cabeza, no se me ocurre mejor alineación que mis esquemas volando por los aires, tú y yo hablando de complicaciones. No tengo nada claro si este sueño tiene luces, nada cierto salvo mis ganas de reírme del maldito destino, de este círculo de cobardes, de esta sociedad en ruinas.  Estoy ahí a merced de un par de pasos, en esa vuelta de la esquina, en las gradas de la melancolía, a dos semanas de no haber luchado lo suficiente.

Flores a la memoria.

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Hay pocas cosas más ciertas como que nunca era yo. No eran mis ojos los misteriosos, ni mis letras las despistadas que buscaban hacerte reír. No eran míos los anónimos, ni aquellos últimos pensamientos, ni los pasos al otro lado de la puerta. No fue a ti, a quien llamé flor de litio a sabiendas de su inexistencia.  No fue tu día nunca mío. Tampoco fue tuyo aquel primer abrazo que se quedó en aire y esperanza entredicha. No fue, nunca fui. Las ruines disculpas y blasfemias al tiempo no fueron menos verdad como que no llenan corazones. Tampoco es ahora menos soez pronunciarse. Y es, sin embargo, cómico verte en estas letras ahora que ya no estás por aquí.  Me sorprende mi vaga memoria, indispuesta, que supo desde aquel primer momento que todo aquel desinterés vivía a mi costa y omisa a este dulce sabor a recuerdos que respiro. Y ahora que ya no recuerdas que yo nunca lo hice y que dolió, ha venido todo de repente a desquitarse. Nunca será por mucho tiempo, per...