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Asfalto y otras medicinas.

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-Sobrepasamos el límite de velocidad. No supe si tomarlo como un aviso o una proposición. Te vi pisar el acelerador con furia, al tiempo que sonreías como si no te estuvieras dando cuenta de que parecías precisamente lo que pretendías parecer: un loco al volante. No me quejé, adoraba la velocidad, el viento atravesándome los huesos, la locura en el corazón, las prisas por ser eternos en medio de un ataque de adrenalina. Te adoraba, en realidad. Con esos aires de piloto y de poeta, con esa magia entre tus dedos y ese guiño de: 'Ni puñetera idea de donde vamos.' Bordeamos los vagos intentos de la soledad por frenarnos, nos hicimos a la lluvia, al parabrisas, al cinturón de mediocridad. Condujimos a ciegas para no ver venir el final. -Suéltate, que vienen curvas.- Me cantó la radio. Y después... ...después volamos por los aires.

Atrápame fuerte.

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Venía a decir que la libertad es otra cárcel  y las monedas de cambio salen más baratas  si hacemos treguas de meses. Venía a decir que lo mejor de la vida siempre será tener la ventana, el corazón y las manos  abiertas frente a tantas mentes cerradas. Ellos también creyeron que la libertad les haría libres.  Y yo sigo pensando: 'Atrápame fuerte.'

Nunca un volverás disfrazó menos despedidas.

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No sé querer con medida. Ni me salen bien las cuentas, ni hay un punto medio entre los agujeros de ese cinturón. Sé que has vuelto a hacerlo, echar de menos no es fácil. Y ojalá te hubieras ido a tiempo, te hubieras quedado quieto y hubieras temblado de frío. Nadie te estaría queriendo tanto, nadie te hablaría en sueños, ni te evitaría a muerte en los espejos, en los reflejos, en los portales vacíos, en las esperanzas de ver el cielo a lo lejos y ser incapaz de no sentir nostalgia. Estamos demasiado cerca para poder hablar de abrigos, demasiado callados para entender los silencios, demasiado vacíos para acabarnos el postre. No voy a volver y no quería que lo supieras. Por si en algún momento, en algún baile, en medio de cualquier abrazo, decido quedarme y dejo de llamar casa a los recuerdos que me hablan de ti.

Si no fuese sábado y yo no me conociera...

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A diferencia de los últimos años nada ha cambiado, ni siquiera ya me crece el pelo, ni me han terminado de salir las muelas inútiles. Los días comienzan sabiendo que van a morir, les gusta el sabor de la condena. Mis últimas notas siguen intactas, colgando desafiantes de la nevera que lleva días sin que nadie la quite peso. Las ventanas dan las mismas vistas que siempre, calles vacías y corazones en vilo. Es como si el tiempo pasase tan despacio que no estuviera disfrutando de los pequeños detalles. No abro las puertas, no como, respiro sin voluntad, escribo las pasteladas habituales de un tirón. Sigo esperando, yo no, solo una parte involuntaria dentro de mí que no me deja pararme el corazón de un mísero golpe de mala suerte. No me parecen justas las palabras, son cinco contra dos, son una noche frente a tus miles de días enamorándome. No me parece justa la vida, ni la oscuridad en los días más soleados, ni la toxicidad de las malas intenciones. No me parece justo y no lo grito, o qu...

Fue precioso el funeral.

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Era el firme retrato de la buena suerte. Juro que nadie en su más insano juicio podría haber dudado de que cada vaso que sostenía con firmeza no ahogaba más penas que santuarios. Porque, sin más ambición que dejar de sentir, lo único que no lograba era que se derritiesen los hielos en el fondo, pero de sus labios. Cualquiera para cualquiera. Nadie lo niega. Pero uno sabe con quien pierde el tiempo y gana horas de vida. Luego no volvía. Ya lo sabes, siempre dijo que lo inigualable es dos veces mejor inversión que lo prohibido. Por eso y porque no sabíais, se dejaba las manos en los bolsos y el corazón en modo avión. Y pasaban los días, hambrientos de ganas, de sueño, de montañas. Y seguía con la música en los pies, la brisa rozándole los huesos, la risa intacta y el saco de siempre. Visitaba, con menos frecuencia, a los besos que conocía y luego hacía las maletas. Era difícil y lo sabía, no volver, no soñar con sus malos recuerdos. Pero a veces uno sí sabe por qué y no lo dice...

Aún me sangran los nudillos

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Sabías como nadie que me moría por tirar la puerta abajo. Pero pusiste un cerrojo de cadena, para que al menos me quedase la luz y la tristeza de que todo mi esfuerzo... seguían siendo vanas cerraduras.

Mosaicos estacionales

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"Tu melena pelirroja era sutil, como las flores otoñales. Cualquier artista hubiera sentido la presta necesidad de colgar un mosaico en cualquiera de tus enredos. Conocí a muchas mujeres, demasiadas para no saberme cuantos parpadeos eran suficientes para no ver nada más. Era inevitable, no buscar a una persona y encontrarla en pequeños pedazos de muchos 'alguien'. Lo peor era encontrarse con tus sombras y no poder parar la música. Tú seguías sentada en el banco a mediodía, como aquella vez, y yo seguía preguntándome porqué. Era imposible bajar el volumen. Había tantos mantos rojos cruzando las calles, y una vez me reí tanto (la última), que olvidé inútilmente que cualquier viernes alguien me detendría los pies y ya no serías tú. Nadie nunca me dijo que puedes irte todo lo lejos que quieras, pero puedes volver cada día sin tener que cerrar los ojos. Lo descubrí el día que te vi, esta vez con ojos miel y un vestido de felpa que jamás en tu sano juicio te hubieras ...