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Por tener

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Tengo el tiempo en la cabeza mirándome callado, sonriendo como de lejos como si fuese necesario haberle parado los pies. Te tengo en los ojos todavía, en aquel rincón desierto de mi memoria dormida, en un cruce de balas, a dos centímetros de la boca. Tengo lo que nunca imaginé silencios por todas partes, flores en la cabeza, lluvia en los bolsos, ojos sobre mis ojos. Y tengo que decir al humo que se escapa de todas esas chimeneas flotantes, que me sigue faltando el aire que respiras a bocados. Tengo, tengo que jurarme otra vez que ya nunca será demasiado tarde, que nadie ha muerto en el intento de hacer pactos vencidos con el olvido. Que hoy hace el frío que tú quieras, para abrazarse a cualquier buena excusa, y dejarse un pedazo de luna para la cena de mañana. Que aquí también se lloran ríos, se habla de sueños y se dice mucho tu nombre. Que por tener, a veces me sigue latiendo el corazón y a veces da bien la hora.

Retrato (II)

Eres el punto de mira, la inflexión sin cartas, la migaja interpuesta entre dos de mis costillas, (mis costillas a veces), la falta de dudas, y las dudas enteras, una puerta entreabierta, un hogar a contraviento, el aire que no respiro, (y el que me falta.) Eres un punto mal puesto, una palabra mal dicha, mas de veinte sin nombrar. Eres el invierno que no abriga, (un recuerdo que respira), una mañana de paso, el paso de mi vida contextualizado. Eres el sí que todo lo niega, que nada lo apaga, que estira la soga y sonríe. Aún sonríe.

Retrato (I)

Tienes insectos en los dientes, palabras en las manos, los bolsos ausentes, la rutina afilada. La rutina en la sangre, la sangre fría de alzar un arma y acabar el crimen bajo tus venas. Tienes los ojos en la espalda, el hoy en el ayer, las cajas una encima de otra, todas encima de ti. De ti, como si fueses poca cosa y poca cosa nos quedara por decir a los demás. La vida rogando, el mazo dando y los clavos en la frente. Te has colgado en el tablón de anuncios y devoluciones, te has visto en la niebla de nuevo. (Has buscado la niebla.) Sigues en la cama, en tu piel, en la tristeza de cualquiera. (y en la de todos.)

Un olvido a manos de otro.

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"Te he olvidado, amor roto. Pero no tengas miedo  a que nadie te recuerde: la poesía jamás te olvidará." Elvira Sastre Estás haciendo como si todo, como si la luna fuese plata, te pesase el corazón y no pensara nevar mañana. Has colocado los platos en la mesa que no espera, y el hambre, en los ojos que no se pierden ni un segundo de soledad. Y te siguen bailando los zapatos, te sigues gastando el dinero, en pasajes malditos, y prisas de alquiler. Te ha mirado de lleno, de miedo, de pedazos, a esos dos alfileres inútiles, que andan clavados en el suelo. (Como tus pies últimamente) Y te ha hecho reír, bailaste, encontraste irresistible que te soñaran con la boca, y te pensasen sin querer. Ha sido como remendar un olvido con otra angustia, como negarse pares veces hasta la saciedad, hasta la necedad. Y has vuelto a pedir que no te quieran, aunque fuese por primera vez, que lo dejen pasar, ...

El corazón que no se tuvo.

Tiene el corazón arrebujando entre sus dientes, los últimos restos de este mar de hojas y marrones. Se ha vuelto pequeño, más grande que otras mitades. Pero tiene tanto frío, que le tiemblan las orejas. Está llorando por esa oda enmascarada de tristeza que lleva su nombre de fin a principios. También se está riendo, con los ojos de un enigma, de una pregunta, de un presentimiento. Tiene aún el beso en la punta de los labios, el miedo guardándole su otra cama, allí donde los abrazos son solo suyos, y los sueños despiertan vencidos. Se le han acabado los días del año, no todavía, y no para todos, ni por la misma casualidad. Sabe que hay un soplo triste que sí le dice la verdad, a las espaldas de la vida y en medio de una eternidad. Pero solo espera, y espera callado, que se pueda vivir bien en caricias de mentira.

El muro de mis lamentaciones.

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"¿Qué saben las tripas de puños cerrados? Saben que las riegan los amargos tragos,  saben todo y más de tenerse en pie,  de la soledad." Es una semana de las que no cuentan los días, no me pesan en el bolso las veces que en vez de escribir, o llorar, me he abandonado al sueño y al desconsuelo de un despertar no tan amargo, pero demasiado cansado. Me pongo a leer sabiendo que si no me pongo, nunca voy a llegar a aquel reducto de mis expectativas, en las que aún tengo esperanzas y que todavía me acarician la espalda con optimismo. El balón siempre corre más que yo, tengo poca velocidad, mucha prisa, pero la cabeza en otro sitio. Luego siempre está de vuelta, es su casa, el hogar que no eligió. Gritan gol. Me digo que no espero, pero no dejo de hacerlo.  Sigo girando la cabeza por donde te vi marchar, aunque nunca jamás me paro. Me hace daño todo el miedo, a pesar de que no me preocupa tanto. Te sigo creyendo dulcemente inalcanzable, pero nunca termino l...

Octubres pocos.

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Es el otoño envuelto de verdad, durmiéndote los ojos, tirándote las hojas, hablando de marchitarse. La glauca hojarasca, la tierra en la mirada y ese pesar mal decorado de fríos tempranos. Es el veneno de sus savias, ascendiendo por la corteza de nuestras pieles y haciéndolas extranjeras en sus propias carnes. Las agujetas del alma, los complejos y la ropa por los suelos, mezclando sueños de gigantes y versos de liliputienses. Es el mirar de los preocupados, el entretanto de los fuegos lentos, las piedras del río que nos arrastra hacia la paz del otro lado del mundo. Es como intentar hacer la cena, y acabar escribiendo poesía. Como intentar hablar de algo, y que el poema acabe llorando por ti. He soñado en contarte como es, lo de vivir debajo de un abrigo las cuatro estaciones y mis restos de año. Pero es como hilar un suceso en los descosidos de mis manos, como mentir sin darse cuenta, o perseguir un infinito. Es la peor comparación que un loco...