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Boulder

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Te sostienes sobre cinco ojos, sientes el calor de tus propios ladrillos, aún cuando te machaca este frío que no llega. Cae el río a tus pies, como un niño sin siesta que no tiene descanso en sus ojos. Alguien se moja los pies de gato, se eleva al cielo, en tu arco de medio punto que sabe a gravedad. Cae, otra flaqueza. Otra vez, un cuerpo que cede, la voluntad partida. Cae, como todo ese agua amarilla, el mar marrón, entre toda ese valor que respira, que el viento mece inexorablemente, y vuelve a casa con las manos rotas, la verdad en la cara, un poco más fuerte.
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Es verdad, el orgullo se perdona si no lo han mortificado. Es verdad el cielo azul, la contaminación del pulso, los atascos mitocondriales, las hojas que no avanzan. Son verdad las medias cervezas con limón, la rutura fibrilar del cudriceps, las vistas maravillosas. Se siente todo como una especie de positivismo en ropa interior que nunca termina de tapar el cuerpo entero. Te levantas de la cama y te sorprendo, todo ese orden fingido que está deshecho en unos minutos. El polvo que nunca cae, que no dejo que anide en los restos de la persona que fui cuando todos seguían aquí. Una habitación de paredes blancas, de cuadros sin firmar (muchos sin acabar, más aún sin empezar), luciéndose como imágenes de lo que se aplaudió, de lo que no se logró. Me retuerzo entre aquellos días todavía, ves, nadie los imaginaría. Me guiñas un ojo, me tiendes ese desliz dulce que me guardo para mis propias creencias. Me das tus explicaciones, no porque las necesite, no porque lo necesites. Es algo qu...

La ciudad de tus vuelos

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Cruza un pájaro el horizonte y aúlla: libertad. Brillan las palabras que me dejas, son de luz, de ti, son de quien las toma, quien las cree, quien las valora. Son tus pasos huella en la tierra, sombra de pino, una manilla en el tiempo, las horas en los pies de quien despega. Los días tristes llevan ochos y otros números. Allí el vuelo es más corto, las migrañas más lentas, los ojos brillan más. Allí el olvido se mancha las manos de barro, la resina es roja, el viento lastima. Allí no te escondes, no hay otra salida, la avecilla se aleja. Mas el cielo sigue celeste, índigo, azur. Sigue viajando, libertino. Siguen tus ojos buscando, tus palabras buscando un pedazo en ese edén que otros gastaron. Me escribes a veces en mayúsculas, pero me siento pequeña, un eco borroso en el mar de allí arriba. Ya no vuelo como antes. Y ojalá esa libertad que me dejas -la avecilla de vuelta en la ciudad,- seas tú libre, tú luz, tú poema. ...

Hecho agosto

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Hoy me he levantado con esas ganas imperdonables de acabar con el verano. Me lo perdono de todas formas por su otra condición de inevitable, de seco como la sed -irrespirable- y de pertinaz. Se me atraviesa el sol por las mañanas, el aire dulzón de la sierra, sus pastos, montes, sus gentes de fondo. Solo los días que libro de la vida, los días que todo se parece a lo de antes y que quién no puede recordar. Recordar. Hacerlo con tajos limpios, sin mucha sangre, a cierta distancia. Sentir el armazón de piel que me recubre, el cansancio, las horas por encima, las horas por debajo. Camino entre los felices escombros de un nuevo techo, que saben que pronto habrá mucha vida, un huerto chico, paredes sentenciando a otras paredes, luces y grillos. Camino como quien ya está muy lejos y poco le importa. Camino de la mano de quien me acompaña con gusto y me dice con la sonrisa del día que a agosto no le queda mucho, que el sol me queda bien, que podemos permitirnos algunas flores y pequeñas ...

Ausencia (II)

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He puesto este pequeño trozo de mar en este pequeño chato de vino; otro tinto y otra copa, un descanso muerto y breve con un hielo, sin limón, en la mesa sin número. Veo venir las olas en los pulmones, un salobre corazón que palpita sangre derretida, otra distancia en el pulso, indivisible. Se van. Me quedan palabras secas y el resto de vajilla, un pincho frío, equilibrios en los dientes, la garganta con sed de voz. Mi estómago deshecho a las veinte de la tarde, quince noches más por delante, cuentas y distancias, -todas pendientes-. Me quedan ausencias en el pecho, recorriendo los pasillos de mi casa, cuatros de agosto, meses sumándose, indistintos. Veranos al sol y lutos. Dudas, incertidumbre, cenizas. Me quedan. Lo que el mar siempre devuelve, lo que el mar nunca se lleva.

La soga del muerto

No es tan tarde, tenemos el reloj en hora y en cualquier momento llamaran a la puerta. Me como la puerta, jo. No me gusta esperar. Han reconstruido la pequeña fachada de la casa de quien sea al otro lado, no se ve apenas en la oscuridad, pero está más bonita, mucho más. Ulula el viento y choca contra las ventanas, y choca luego contra mi cara y luego ya, debe de morirse detrás de mí o yo qué sé. No sé cuando el viento decide morirse o no. Aparece una sombra a los pies de la vereda y la triste luz de una farola cansada. Tiemblan las dos, la luz y la sombra. Miro a la segunda con fijeza desde el bordillo y me agarro las piernas como si huir no fuese el reflejo mortal de todos los supervivientes. La miro hasta que la tengo delante de mí y me tiende una mano. Andamos por ahí, diciendo cosas vacías y de poca importancia. -Toma. Me tiende un cigarro como quien te echa un piropo o una sonrisa. -Déjalo.- Rehúyo. Camino con la vista puesta en la lejanía, donde empiezan la mús...

Sudores fríos

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Vendrá el domingo, nos pesarán las alas de una noche de fuegos y estrellas. Nos sentiremos poderosos, llenos de ideas, -más la desilusión. Alguien se engañará pensando que el sistema es el problema, que no hay libertad, que no nos sujetan. Sentirá su propia contradicción que pasará hambre y sed, que matará al calor con un helado, y se sentará en el sofá junto a su dueño a engañarse por duplicado. Pero todos nos sentiremos quizás un poco cansados de ese calor, quizás mejor un poco supervivientes. Echaremos cuentas sobre si todo lo que podría salir mal cabe en una foto. Alguien madrugará el lunes y se preguntará si es verdad que en Madrid  ya no hace frío. No sé si ese alguien será la misma persona.