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Podría definir esto de tantísimas maneras que seguiría sin acertar: los pájaros están comiendo pan a pasos de mis manos, el sol es un arma de distracción veraniega o las miradas incomodan a los que no saben ser mirados. Podría seguir enumerando ocasiones y postergando el blanco de este papel, de esta oficina. Podría seguir siendo lo que mis manos me dictan: más silencio. Me he callado del todo, aunque las prisas son oscuras y las noticias duermen en pozos dentro de pozos. Y eso despierta los sentidos de cualquiera que busca. Pero dónde estamos, e ntre mentiras que rozan ser ciertas y verdades con manos tímidas , me dice el gorrión, entre la línea y el salto . No sabemos suficiente y por eso, las migas de pan siguen en el suelo. Me recuerdo en los brazos de quien sonríe siempre. Me pongo nerviosa cuando no sé proteger, contener, sujetar. Qué puedo hacer para que no pase, cómo permanezco firme cuando se caen las vigas que me sostenían y yo soy el edificio ahora. Tú, en la otra mita...

La primera

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Solías inaugurar los ruidos mas tempranos, colgarnos el sol brillante en el techo, aclarar los cristales,  y vaciar nuestros estantes de pesos innecesarios. Solías redondear nuestras alturas, enmarcar los garabatos y pinceladas, cambiarnos los zapatos y las miradas vacías. Todavía sueles abrir la ventana y desearnos suerte, tras aquellos edificios indistinguibles. Todavía cuidas de la verdad, del jardín y el perejil, de nuestros sueños claros.  De ti aprendí que la vida consiste en vivir acariciando con las manos. De ti aprendí que aunque nos sangren las palmas nos pesen las penas y nos crezcan asperezas las pequeñas espinas son pequeñas .

Palabrería

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Los veranos eran fríos y las primaveras llorábamos. Ya ni si quiera me acuerdo. Pero existe una especie de vicio sordo en los huecos de la memoria, mientras hablas del monumento y miras los rincones oscuros donde pasabas el rato. Pues este es un gran lugar, pero la vida ocurre en otros. Todo se resume en ese algo que construiste mientras te dabas puñetazos.También, a ti que te gusta construir, algo que construiste con palabras, como una pirámide de naipes que se sostuvo mientras alguien quería. No dejaste de construir en estas cuestas. Mente suicida. Puedes dejar de querer ya. Puedes irte. (La gente se marcha.) Es la primera ley del principio de no sé qué pie con bola. Y ahora estás aquí, un lugar diferente desde luego, pensando: mira que no te duele y que casi lo escribes ; reiterando: los golpes se notan cuando menos estás , haciéndote una pregunta: hablo de mí todo el rato. Y le das la espalda a quien te la da, y confías en que la sencillez da perspectiva. Te gusta creer que ...

Las palabras que no necesitas

Necesito escribir esto como he necesitado siempre y desde que recuerdo el consuelo de las palabras. Palabras sobre palabras aguardando dentro de los libros que nunca se olvidan, palabras en los labios de las personas a las que más he querido, palabras dentro de mí, en la alacena, en los anaqueles de mi esqueleto y su mantelería de poco diseño. Tantas veces, aparecen mientras escribo y de una manera que nunca he terminado de comprender, palabras en mi cabeza de las cuales no conozco su significado, como revelaciones de un subconsciente que almacena, dibuja y esgrime con gracia y gentileza las expresiones que saldrán a esta afrenta sin otro escudo que su verdad. Hoy, mientras caminaba impacientemente hacia casa, engullida por una bufanda gruesa que poco tenía que decirle al frío y la llovizna que anuncia la llegada de Bruno (la primera gran borrasca de invierno con nombre de niño, de cantante o de Santo) ; he visto cruzar delante de mí en forma de torrente de pensamientos ideas sueltas...

Día gris

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Llevas un paraguas en los ojos, es el más bonito que una lluvia soñaría atravesar. Salpicas como la mala suerte de llevar años escondiendo las manos y nunca acertar con la china. Resbalas como el compromiso que duerme bajo tus mismas sábanas y te hace cosquillas en los pies. Y es verdad, hasta los días más grises, más oscuros que el contorno de las nubes, hacen parecer a tus ojos, un montón de colores mal alineados, distorsionados por todo ese reflejo mojado de sueños demasiado grandes, y miedos a su altura. Te hacen parecer a ti la tormenta más bonita, y a mí, un hueso empapado.

Personas

Con los ojos achinados, o con los labios fruncidos, con un aire de sencillez o con el temple de oro… Las mejores personas, no existen.

Una Piedra en el Jardín

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El viento era dulce y un poco húmedo, y se mecía entre los eucaliptos haciéndolos agitarse como niños inquietos. Olía a resina y el frescor se posaba en la piel sin apenas darse uno cuenta. Eran caricias débiles, una esperanza que casi hubiera podido admitir que se podía respirar. Caminé hacia el acantilado, siguiendo a mis propios pies y mirando más allá del pequeño claro que se abría tras la empalizada. Notaba la grava bajo mis zapatillas y la arena. Era un camino de piedras, de malditas piedras, de todos los tamaños. Había hecho una colección tan grande que mi casa había terminado por parecer un santuario, la casa de un cantero o los sueños de un río despierto. Había rellenado las estanterías, cubierto las encimeras, los armarios y los cajones de montones de ellas. Provenían de pequeños lugares que había podido visitar. Recuerdo haber recogido la primera de ellas en una pequeña cala alejada de la vista de cualquier turista poco curioso, en Ribadeo. Me perdí entre los juegos de una ...